El Papamóvil más insólito: cómo un Seat Panda se convirtió en vehículo pontificio por un error de cálculo vaticano
Con motivo de la reciente visita de León XIV a España, el interés por los vehículos que han transportado a los pontífices a lo largo de la historia ha resurgido con fuerza. Entre todos los modelos que han recorrido las calles de nuestro país, hay uno que destaca por su singularidad: un diminuto Seat Panda fabricado contrarreloj para Juan Pablo II en 1982. Esta curiosa historia combina improvisación, ingeniería artesanal y un error logístico que cambió los planes del Vaticano.
Todo arranca durante la primera visita oficial del pontífice polaco a España, que tuvo lugar entre el 31 de octubre y el 9 de noviembre de aquel año. Durante los preparativos, se descubrió un problema inesperado: el vehículo oficial que el Vaticano había previsto utilizar en Madrid y Barcelona no podía acceder a los estadios del Santiago Bernabéu ni del Camp Nou. En ambos recintos, el Papa debía desplazarse hasta el centro del terreno de juego para dirigirse a miles de fieles, pero el coche papal no pasaba por las estrechas puertas de acceso.
El origen del contratiempo: un Range Rover que no cabía
Isidre López, responsable de Seat Históricos y custodio de la colección donde se conserva el vehículo, relató los pormenores de este encargo en una entrevista concedida a la publicación Moveo. Según explicó, unas semanas antes de la llegada de Juan Pablo II, una comisión vaticana se desplazó a España para revisar todos los recorridos previstos. Fue entonces cuando se toparon con el obstáculo.
“El coche oficial del Vaticano era un Range Rover al que le habían instalado una urna de cristal después del atentado un año antes en la plaza de San Pedro”, recordaba López.
Aquel todoterreno blindado no podía entrar en el Camp Nou ni en el Bernabéu, y el equipo de seguridad papal insistía en que el pontífice se trasladara motorizado hasta el centro del césped para dirigirse a los asistentes. Dado que Seat pertenecía en aquella época al Instituto Nacional de Industria (INI), la solución pasó por encargar a la marca española un vehículo hecho a medida.
Las medidas que lo cambiaron todo
Las dimensiones proporcionadas por el Vaticano condicionaron por completo el diseño del proyecto. “Por las medidas que dieron desde el Vaticano vieron que encajaba en la base de un Panda y así fue como en dos semanas se hizo el Papamóvil”, explicó López. La celeridad era absoluta: no había tiempo para trasladar el proyecto al Centro Técnico de Martorell, donde en aquellos meses se trabajaba intensamente en el desarrollo del futuro Seat Ibiza. Así que la transformación se llevó a cabo en la fábrica de Zona Franca, en Barcelona, de forma prácticamente artesanal.
Partiendo de un Panda convencional, los técnicos convirtieron el utilitario en una especie de pick-up abierta, adaptada para que Juan Pablo II pudiera viajar de pie y saludar a los fieles. Los cambios fueron radicales y se ejecutaron en menos de quince días:
- Eliminación de las ventanillas laterales para permitir una visibilidad total desde la plataforma.
- Instalación de un parabrisas abatible, que facilitaba la entrada y salida del pontífice, y que podía plegarse para mejorar la interacción con la multitud.
- Refuerzo de la plataforma posterior, capaz de soportar el peso del Papa y los movimientos durante los recorridos.
- Barras acolchadas para que Juan Pablo II pudiera sujetarse con seguridad mientras iba de pie.
- Plataforma escamoteable que permitía acceder al vehículo con facilidad.
- Los reposacabezas delanteros se retiraron para despejar completamente la visión del Papa desde cualquier punto de las gradas.
- El retrovisor interior se desplazó al salpicadero para que siguiera siendo funcional incluso con el parabrisas abatido.
La carrocería se pintó de blanco y recibió los escudos pontificios junto a las banderas de España y del Vaticano. Además, el papamóvil incorporó algunos elementos procedentes del Seat Panda Marbella, una variante más equipada presentada aquel mismo año. Entre los detalles más curiosos destacan los tapacubos, heredados de un Seat Ronda Crono 1600 y decorados con unas falsas palomillas en forma de cruz, un discreto guiño a la Iglesia católica que todavía conserva.
Contenido original en https://www.lavanguardia.com/motor/actualidad/20260605/11556988/insolita-historia-seat-panda-convirtio-papamovil-problema-calculo-vaticano.html
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